Guadalest, el pueblo de los ocho museos

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Guadalest, oficialmente El Castell de Guadalest, es uno de los lugares más atractivos de la Comunidad Valenciana. Un municipio que lleva a gala ser “uno de los pueblos más bonitos de España”, declarado Conjunto Histórico-Artístico y Bien de Interés Cultural, y situado a poco más de 60 kilómetros de Alicante. 

Además de su bella ubicación, posee una oferta lúdica y cultural que asombra, especialmente si tenemos en cuenta el pequeño tamaño de la localidad, en la que residen poco más de 200 habitantes. También allí nos encontramos todo tipo de servicios: restaurantes, hostales, numerosas tiendas… 

Unas pequeñas notas sobre su origen 

Los musulmanes escogieron el lugar en el que se alza el pueblo para asentarse y fundar un castillo fácil de proteger por su complicado acceso. Llegado el año 1644 la zona sufre los devastadores efectos de un terremoto que destrozaron el castillo. 

Ya en el siglo XX Guadalest comienza a experimentar una serie de cambios importantes, como la construcción de su embalse en 1953. En la década de los 70 el turismo comienza a descubrir los encantos de la localidad.

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Un paseo por sus calles 

La villa original está formada por un conjunto de calles producto del urbanismo islámico, caracterizado por áreas irregulares, con espacios abiertos y cerrados, que reúnen una gran cantidad de comercios y establecimientos de todo tipo. 

Uno de los puntos más destacados de Guadalest es la plaza de San Gregorio, desde donde podemos disfrutar de unas espectaculares vistas hacia las montañas circundantes. En esta ubicación también nos encontramos con la iglesia parroquial, construcción del siglo XVIII de estilo barroco, que fue construida sobre el solar del antiguo templo que databa de los tiempos de la Reconquista

Los bajos del edificio que acoge al ayuntamiento de la localidad también merecen nuestra atención. Su visita nos descubre las mazmorras de una antigua prisión del siglo XII y un aljibe, en su momento un elemento básico en la ciudad amurallada para suministro de agua. Este aljibe ha sido reconvertido en sala de exposiciones. 

El castillo de San José 

Nos acercamos hasta esta fortaleza del siglo XI, construida por los musulmanes, situada sobre la roca en la parte más elevada del municipio. 

En la actualidad sólo quedan vestigios de su solidez. Los terremotos sufridos a lo largo de su historia y la voladura a la que fue sometido en 1708 en la Guerra de Sucesión fueron los culpables de su destrucción. 

Ni uno ni dos museos: ¡ocho! 

Si algo llama la poderosamente la atención en este bonito municipio es la gran cantidad de museos que nos ofrece.

Museo municipal Casa de Orduña. Construida tras el gran terremoto, fue levantada por la familia Orduña, de origen vasco. Fueron los señores de la villa durante casi 300 años. Presenta diferentes estancias y salas de exposición.

Museo de Belenes y Casas de Muñecas. Se trata de un espacio adosado a una roca natural que acoge la obra artística de Antonio Marco. Presenta una amplia serie de casitas de muñecas, un belén ecológico y juguetes antiguos.

Museo Histórico Medieval. Interesante propuesta que quizás resulte impactante para los espíritus más sensibles, puesto que ofrece un recorrido por más de 60 piezas de tortura y pena capital a lo largo de unas instalaciones ubicadas en un edificio con sótano y tres plantas.

Museo de Microminiaturas. Asombroso espacio museístico en el nos dejarán boquiabiertas auténticas obras de arte de apenas unos milímetros: la Estatua de la Libertad dentro del ojo de una aguja, la Maja Desnuda de Goya pintada en el ala de una mosca o los Fusilamientos del 2 de Mayo reproducidos en un grano de arroz, entre otras curiosidades.

Museo Microgigante. Un sitio interesante y peculiar en el que podremos comprobar cómo una plaza de toros se ha construido en la cabeza de un alfiler o una pulga pasea en bicicleta. Curiosísima y original obra del artista Manuel Ussá.

Museo de Saleros y Pimenteros. Sólo existen dos museos de estas características en el mundo. El otro se encuentra en Tennessee, Estados Unidos. Se exhiben más de 20.000 saleros, datados desde 1800 hasta la actualidad.

Museo Etnológico. Una casa típica de la zona, construida en el siglo XVIII, nos invita a conocer las costumbres y forma de vida de los antiguos habitantes del Valle de Guadalest.

Museo Colección de Vehículos Históricos. Los amantes de las dos y las cuatro ruedas estarán en su salsa en este museo repleto de motocicletas y varios microcoches de los que se utilizaban en los años 20 a los 70. También se exhiben otros objetos antiguos como aparatos de radio, máquinas de coser, cafeteras o teléfonos, entre otros.

Una pausa para comer

Después de visitar tanto museo necesitamos reponer fuerzas. Para ese cometido nada mejor que la buena gastronomía de la zona. Nos encantará degustar platos tradicionales de la localidad como el conejo al ajoaceite, las verduras al horno, los pimientos rellenos o “l’olleta de blat” (olla de trigo).

¡Buen provecho!

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