Arlés: tras la estela de Van Gogh entre campos de girasoles y lavanda

Los girasoles, La casa amarilla o El puente Langlois son algunas de las obras que Van Gogh creó durante su estancia en la bonita localidad francesa de Arlés
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El inicio del verano nos regala la espectacular imagen de los campos de lavanda en todo su esplendor. Si además buscamos un aliciente cultural añadido, como encontrarnos con la figura de uno de los grandes nombres de la historia de la pintura, nuestro objetivo se llama Arlés y nos anuncia numerosas emociones y atractivos.

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La Provenza disfruta de una luz mágica durante todo el año, pero en la estación cálida el sol siempre es generoso con esta región de Francia, llena de campos de lavanda y girasoles. Incluso su gastronomía es una fiesta que combina colores y sabores. Estamos en una zona privilegiada que sirvió de inspiración al gran pintor holandés Vincent Van Gogh. El reconocido artista llegó a este punto del país galo en 1888 y la mayor parte de sus cuadros fueron creados en los campos, huertos y jardines de Arlés, ciudad que continúa rindiendo un permanente homenaje al pintor.

La casa amarilla, llamada así por ser su color predominante, fue el lugar donde decidió instalarse. Su idea era crear un taller artístico, un espacio propio en el que desarrollar su arte con soltura y libertad. Además, su propósito era convertirla en una residencia donde podrían vivir diferentes artistas interesados en pintar la riqueza cromática y la luminosidad de la región del Midi francés. Lamentablemente, su deseo nunca llegó a materializarse.

Van Gogh invitó a su casa amarilla a algunos de los pintores que había conocido durante su estancia en París. El único que aceptó la invitación fue Paul Gauguin. Las discusiones entre ambos llegaron a ser algo habitual. Sus formas de ver la vida chocaban constantemente. Todo esto, unido a la inestabilidad mental de Van Gogh, desencadenó un altercado en el que el holandés hirió con una navaja a su compañero. Vincent Van Gogh se cortó una oreja como muestra de arrepentimiento por tan horrible acción. Esta es la teoría más extendida, sin embargo, investigaciones recientes apuntan a que el motivo de esta desproporcionada acción tuvo como detonante la carta en la que su hermano Theo le anunciaba su deseo de casarse, situación que dejaría a Van Gogh sin el soporte financiero que le permitía dedicarse enteramente a la vida artística.

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Sea como fuere, esta gran figura del impresionismo nos dejó más de trescientas obras durante su estancia en esta zona de Francia, títulos como Los girasoles, La casa amarilla o el Puente Langlois. Este último, conocido como Puente Van Gogh, se puede ver actualmente, ya que se encuentra situado en un canal que va desde Arlés a Port-de-Bouc.

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Arlés rinde homenaje al artista a través de rutas y circuitos que descubren sus pasos por la localidad. Su huella es omnipresente y nos la encontramos en cafés, restaurantes, tiendas y, por supuesto, en todo tipo de souvenirs.

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No es difícil entender la pasión que el pintor sentía por esta localidad de la Provenza, fundada por el mismísimo Julio César y que actualmente forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Sin duda, si eligió Arlés para vivir, Van Gogh estaba mucho más cuerdo de lo que algunos pueden pensar. Los encantos que despliega esta ciudad son numerosos y presume de una rica historia por la que han transitado griegos, romanos, celtas… Todo este pasado sigue viéndose reflejado en esta población francesa que nos recibe con un núcleo antiguo lleno de calles y callejones que invitan al paseo lento y observador, ese que nos permite empaparnos de todo sin perder detalle.

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Su catedral, de estilo románico provenzal, está dedicada a San Trófimo, quien, según se cree, fue discípulo de San Pablo. 

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Caminando entre casas de estilo provenzal, recorremos el laberinto de pequeñas calles de Arlés y nos sorprende descubrir de pronto su magnífico anfiteatro. Con dos mil años a sus espaldas y conocido como Las Arenas de Arlés, ha sustituido las luchas de gladiadores por espectáculos que nos las recuerdan y por la celebración de todo tipo de eventos, especialmente taurinos.

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También es muy aconsejable alejarnos algo más de 35 kilómetros de esta localidad francesa para contemplar el Pont du Gard, un espectacular acueducto, datado en el siglo I d.C., que constituye una auténtica joya legada por los romanos. En su día llegó a transportar veinte millones de litros de agua diarios. La visita no nos decepcionará en absoluto.

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No olvidemos que es ahora cuando la lavanda se encuentra en plena floración, por lo que podemos ponerle una guinda a nuestro paseo por Arlés realizando una de las variadas rutas que nos llevan por estos bellísimos campos alfombrados de diferentes tonalidades violeta.

Revista Viajes y Lugares

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