Visita a la pintoresca villa portuguesa de Óbidos

Esta pequeña villa fortificada es uno de los lugares más encantadores de Portugal
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Nos vamos a explorar tradicionales calles empedradas que nos envuelven en el encanto medieval de uno de los pueblos mejor conservados de Portugal. Queremos disfrutar lejos del bullicio y las aglomeraciones, caminando entre casas blancas y azules, ventanas vestidas con flores y pequeñas plazas. Buscamos el ambiente relajado que nos regala esta localidad pintoresca y auténtica.

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Estamos en Óbidos, a unos setenta kilómetros de Lisboa. Pisamos una ciudad fortificada, declarada Patrimonio Nacional y reconocida como una de las siete maravillas de Portugal. Aquí viven alrededor de tres mil habitantes, gentes amables que ven como los turistas toman sus calles en los meses de verano.

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Óbidos cuenta con numerosas iglesias, como la de Santa María, la de San Pedro o la de la Misericordia. Queremos recorrer todas sus freguesias (barrio o distrito en portugués), pero nuestra primera intención es atravesar la calle principal hasta llegar al castillo y pasear por sus murallas.

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Estamos en una de las construcciones más emblemáticas de la época medieval en el país luso. Cuenta con cerca de mil años de historia y está catalogado como Monumento Nacional. Desde mediados del siglo pasado incluye un precioso parador que ocupa el palacio construido en el siglo XVI. El castillo, de imagen poderosa, presenta una magnífica conservación a pesar de los daños sufridos en el terremoto de 1755.

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Otro de los puntos clave de la población es la Puerta de la Villa, que tradicionalmente era la puerta principal de acceso a la ciudad. Presenta una bella decoración con azulejos de tonalidad azul que datan del siglo XVIII. Desde ella tomamos la Calle Recta que nos guía hacía la plaza principal, donde encontraremos mucha vida y actividad en sus restaurantes, diferentes tiendas y cafés.

Curiosamente, en tiempos pasados Óbidos era un próspero puerto portugués, sin embargo ahora la costa queda a unos diez kilómetros de la población. Esto se explica porque durante siglos los cauces fluviales hicieron retroceder las aguas del mar. La presencia de una laguna es la huella que queda de aquel paisaje original.

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La gastronomía tradicional es otro de los puntos fuertes de esta encantadora villa. En Óbidos se elabora una exquisita caldereta de pescado que aconsejamos culminar con un chupito de licor de guindas, bebida de referencia en todo Portugal. Aquí es típico servirla en pequeños vasitos de chocolate que también se comen.

Revista Viajes y Lugares

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