Pequeño paseo por Menorca, la bella isla del viento

La isla más oriental de las Baleares es un pequeño paraíso mediterráneo que guarda multitud de encantos
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Nos acercamos al primer lugar en el que amanece en España y a una tierra en la que los atardeceres se nos antojan imágenes de postal. Ver la puesta del sol en Menorca es un momento buscado, casi un ritual en el que todos queremos participar. Es un auténtico placer disfrutar de la contemplación de este milagro natural desde una terraza mientras esperamos el acontecimiento saboreando un agradable aperitivo en buena compañía.

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Esta isla balear es un territorio amable y tranquilo que se recorre fácilmente y que nos regala una infinita variedad de fascinantes paisajes. Uno de los residentes habituales de este lugar es el viento. O mejor dicho, los vientos. Hasta ocho diferentes llegan a Menorca modificando incluso el día a día de los menorquines. El viento de tramontana, el que llega desde el norte, es el más enérgico. Es capaz de modelar los troncos de los árboles, levantar enormes olas y erosionar rocas dotando a la isla de una belleza genuina y muy especial.

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Mahón, la capital con su magnífico puerto natural, y Ciudadela son las ciudades más grandes de esta isla española que, por cierto, estuvo bajo el dominio británico durante el siglo XVIII. Ambas urbes son espacios que nos invitan a callejear y a disfrutar de sus núcleos antiguos repletos de calles y plazas que conservan la belleza que imprime el paso del tiempo y la huella de la historia.

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Lejos de las ciudades también encontramos pequeños núcleos de población realmente encantadores, como el poblado de pescadores de Binibeca, situado a unos ocho kilómetros de Mahón. Sus estrechas calles están repletas de casas encaladas de un blanco impoluto. El aspecto general es bellísimo. Además, se encuentra junto a una espectacular cala de aguas cristalinas y una playa de arena fina que cuenta con un bosquecillo de pinos.

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Paseando por Binibeca nos percatamos de la existencia de algunas placas que, instaladas en las fachadas de las casas, nos invitan a guardar silencio. Es una llamada a respectar la tranquilidad en la zona, ya que estas encantadoras residencias blancas se encuentran habitadas.

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En Menorca abundan las calas de aguas azul turquesa rodeadas del verde intenso que les proporciona la rica vegetación de la isla. El sur está formado por playas de blancos arenales, mientras que el norte presenta un aspecto más agreste por la erosión que provoca el viento de tramontana en la costa.

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Calas como Macarella, Mitjana, Turqueta, Cavalleria, Pregonda o Trebalúger son auténticos trocitos de paraíso. Precisamente esta última, Trebalúger, es una de las más especiales y recónditas de la isla. Presenta un acceso difícil y se encuentra algo aislada, pero resulta absolutamente gratificante alcanzarla y disfrutar de su arena blanca y su agua transparente con destellos plateados.

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Llegar hasta Trebalúger supone una buena excursión en la que habremos de invertir caminando más de media hora, aunque todo depende de la velocidad de nuestros pasos. Lo más recomendable es iniciar el trayecto desde Cala Mitjana y asegurarnos de llevar agua y un calzado apropiado para no correr riesgos innecesarios.

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A lo largo del paseo que nos lleva hasta la preciosa cala nos alegra poder tomarnos un respiro ayudados por la sombra de los árboles que hay en el camino. Cuando el agua cristalina de Trebalúger aparece ante nuestros ojos la emoción es indescriptible, sin embargo aún habremos de sortear algunas rocas y descender sobre algunas piedras hasta poder pisar su blanca arena, ya que no existe ningún acceso que nos facilite la entrada a la cala. De igual forma, tampoco vamos a encontrar ningún servicio, detalle que le añade al entorno un plus de atractivo. 

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Zambullirnos en el agua de Trebalúger es el premio que nos hemos ganado tras la calurosa excursión y después de tanto ejercicio al aire libre, nada mejor que reponer fuerzas con algunas de las delicias de Menorca. El queso, la sobrasada y la longaniza conocida como ‘carn i xua’ son algunos de los productos más típicos de esta isla que regala al visitante con una rica gastronomía mediterránea basada en el pescado y el marisco fresco. Si nos apetece refrescarnos, la bebida local es la conocida ‘pomada’, elaborada con limonada y una pequeña cantidad de la popular ginebra local.

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Menorca es una isla auténtica que valora y respeta su patrimonio natural. Esta isla mediterránea es un pequeño paraíso que ahuyenta el estrés y que juega a sorprender al visitante con sus fascinantes rincones. 

Revista Viajes y Lugares

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Texto e imágenes: © Argentina Marquina

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